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OPINIÓN

China Camarena
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Más allá del sol: la oscuridad del turismo en México

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Yo tenía aproximadamente 20 años de edad la primera vez que entendí de qué iba la Trata de Personas. Anteriormente había oído hablar de ella, por supuesto, pero no fue hasta que fui -por obligación- a una charla en mi universidad, que me percaté de la atrocidad que envolvía este negocio. Saliendo de ahí, me juré nunca volver a ponerme la venda que ese día, me había quitado. 

Hace exactamente un año, le propuse a mi editora hacer un reportaje sobre la Trata de Personas. “Es un tópico que ya está muy sobado, pero intenta encontrar un ángulo novedoso” me dijo. Es triste que algo tan despreciable como lo que enmarca este ilícito, sea percibido como algo tan ‘sobado’ y tan obsoleto, que no merezca ser publicado a menos de que ofrezca algo distinto. Lo entiendo, en parte así funcionan los medios, así que saliendo de la oficina de mi editora, hice lo mío.

Leí, me informé y entrevisté a expertos en el tema para descubrir ese ‘gran ángulo’ que aun no hubiera sido (tan) explorado, cuando de pronto, encontré algo que me horrorizó. No, no descubrí ningún hilo negro para la humanidad, pero sí me topé con algo que rebasaba todo lo que yo creía saber y entender de esta problemática: el turismo sexual infantil. 

De acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), ciudades como Cancún, Playa del Carmen, Tulum, Acapulco, Puerto Vallarta, Guadalajara, Tapachula, Los Cabos y Tijuana, coexisten a diario con esta práctica que consiste en la explotación de menores para que turistas, entablen contacto sexual con ellos. En otras palabras, es una manera atroz de capitalizar a a niños y adolescentes, como objetos de satisfacción sexual ‘exóticos’, un acto para el que cualquier peyorativo se queda corto. 

Según la UNICEF, alrededor de 16 mil niñas, niños y adolescentes son víctimas de trata con fines sexuales en México, destacando que en ciudades tanto turísticas como fronterizas “la situación tiende a agravarse en comparación con otras entidades federativas” debido a la gran presencia de comunidades indígenas, zonas rurales, redes del crimen organizado, y a los altos flujos migratorios que se dan en dichos puntos. 

Distintas condiciones de carácter geográfico, político y social, han hecho de México un país de origen, tránsito y destino para este tipo de explotación a nivel mundial. Lo alarmante, es que suele ser invisible debido a la sutilidad y complicidad con la que se maneja, pues desde el arribo de las víctimas, hasta la explotación per se, todo, se suele llevar a cabo utilizando la infraestructura y los servicios usuales del sector turístico, siendo esencial la colaboración de parte del personal que ahí labora. Esto ha llevado al sector turístico a reconocer su responsabilidad y compromiso para su erradicación en esta violación de los derechos humanos.

Todos los expertos con los que tuve oportunidad de conversar, convinieron en que el hecho de que este negocio sea tan operable y redituable en la zona turística específicamente, se debe -en gran parte- a los altos niveles de corrupción e impunidad que imperan en el país. No obstante, no es la única causa. La situación de vulnerabilidad en la que se encuentran un número importante de personas en estas zonas, también es un factor importante. 

A pesar de todo lo que se ha recopilado, desafortunadamente aun hay un gran vacío de información que impide que se pueda actuar de lleno en el tema. Esto, aunado al alto número de carpetas que se abre, y al mínimo que termina cerrándose con una sentencia y/o solución, hace de este negocio, algo increíblemente rentable para los autores, e increíblemente preocupante para nuestra sociedad.

Gracias al esfuerzo de instituciones y organizaciones de la sociedad civil, existen diagnósticos de este delito por montón. Esto, si bien es útil, dista mucho de ser suficiente, ya que más allá de un tema de diagnóstico, se trata de exigir un posicionamiento contundente por parte de ley, que se traduzca en un diseño de estrategias que alcance al segmento de la población con mayor vulnerabilidad económica. 

Garantizar un Estado de Derecho en el que las leyes y dictámenes en materia de Trata de Personas en el país, sean realmente efectivas, tristemente ha dejado de ser una tarea exclusiva del gobierno, y se ha convertido en una labor conjunta que debemos abrazar todos los mexicanos. Que no nos intimide la complejidad de la causa, la Trata de Personas en todas sus formas, es inadmisible y urgente de atender.

Este 30 de julio, Día Mundial en contra de la Trata, démonos el tiempo de informarnos, indignarnos y exigir que se fortalezcan las instituciones, se incentive la cultura de denuncia, y se termine con los hoyos negros que existen en cuanto a víctimas de este delito respecta, pues como dijo el físico británico William Thomson, “lo que no se puede medir, no se puede mejorar”. Hagamos ruido y ensordezcamos a quien sea necesario, para que este problema no quede en una efeméride.

Tw: @chinacamarena 

 

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