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OPINIÓN

China Camarena
China Camarena

Carta al Machismo

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Me tienes dando vueltas para empezar esta carta, porque no eres querido y mucho menos estimado. 

Te he tenido tantas veces frente a mí y en ninguna había tenido las agallas de confrontarte. Solo de pensar en hacerlo mis piernas temblaban, pues desde muy chica aprendí a doblegarme ante ti. Me enseñaron a ser fuerte pero no más que tú. A ver por mi felicidad, pero no a costa de la tuya.

Echaste raíces en un país que aunque amo, te esmeras a diario para que deje de hacerlo. Te metiste con mis hermanas, y no sólo con las que comparto sangre, sino con todas las que, como yo, nacimos y nos asumimos mujeres. 

A algunas incluso tuviste la osadía de arrancarles su niñez. De aprovecharte de su inocencia y disfrazarla de ‘necesidad’. Tú no lo sabes y quizás no te importa, pero meterte con niñas es uno de los actos más cobardes que te has atrevido a ejecutar. 

¿Sabes qué es lo que más me enoja de ti? Tus pocas ganas de irte de un lugar en el que ya no eres bienvenido. Tu paupérrima noción del terremoto que has causado, y de los escombros que has dejado en la vida de cada una de nosotras. 

Me hierve la sangre que te burles del consentimiento cuando bien sabes que es nuestro único escudo. Y es que tanto tu sordera selectiva -esa que te impide escuchar la palabra “no”- como tu juicio nublado -ese que te impide darte cuenta que cuando alguien no tiene la consciencia de decir que sí, también es “no”- ha hecho que en México, por los menos, 12 mujeres sean abusadas sexualmente a diario.

¿Por qué no puedes entender que está prohibido tocar a alguien que no quiere ser tocada? ¿Por qué no puedes dejar de ver como trozo de carne a quien es casa de un sinfín de sueños y virtudes? ¿Cuál es tu afán de apagar la luz de quien merece brillar? 

Francamente no entiendo quién te dijo que tu fuerza física era arma para amedrentar, o que tener entre las piernas algo que nosotras no, te daba derecho a manipular, agredir, violar y matar. 

No es fácil decirte todo esto sabiendo que por tantos años me hiciste sentir (tan) vulnerable. Te he visto y escuchado tantas veces, que hasta he llegado a desear haber nacido ciega y sorda con tal de no haberlo hecho jamás.

Te vi una noche de luna de esas que me hicieron creer que la culpa era mía por haber tomado de más. Te vi un día de oficina cuando mi presencia ignoraron y de mi capacidad dudaron. Te vi en cada una de las 11 sillas vacías que dejaste en los hogares de las mujeres que matas a diario. Te escuché en los gritos de auxilio de quienes pedían que las dejaras de penetrar. Te vi en el moretón que dejaste en esa cara, y en la desesperada búsqueda de las mujeres que desapareciste así, sin más. Te vi en las lágrimas de quienes ya están hartas de vivir su calvario en silencio y en la indiferencia de quienes recibieron sus denuncias en el Ministerio Público.

¿Y sabes qué es lo más triste? Que por más que me gustaría saberte pasado, sigues aquí. Aún te veo, aún te escucho. 

Te veo en un profesor de Derecho que cree que luchar y protestar por nuestros derechos es injusto o peor aún, es sólo un motivo para ‘embriagarnos’. Te veo en quienes se quejan porque rayamos paredes, y ‘argumentan’ que “a los hombres también los matan”. Te veo en el 99% de los casos de violencia de género impunes en el país. Y lo que más me duele, te veo a diario en la mañanera. Te veo en la mirada de un presidente que se dijo feminista para conseguir votos, pero que decidió construir una valla para, desde la comodidad de sus privilegios, fingir que lo único que puede hacer es ser espectador de la enorme revolución que las mujeres tenemos entre manos y a la que tanto miedo le tiene. 

Te diré una cosa más. La simple idea de ponerle nombre a los agravios que tanto daño nos han hecho como sociedad, y ser consciente de lo mucho que los ignoraba, me daba náusea, me hacía sentir frágil. Pero gracias a la sororidad construida, y a que hoy sé que si un día falto, millones de mujeres quemarían por mí, te puedo decir a la cara que tus días están por terminar. Esos días en los que te jurabas superior, en los que no hacías más que lastimar con tus palabras y apuñalar con tus acciones.

Te lo digo con certeza porque la gran diferencia entre nosotras y tú, es que en donde tú ves destrozos, nosotras vemos sed de justicia. Donde tú ves monumentos pintados, nosotras vemos una legítima exigencia por un Estado de Derecho eficiente. Donde tú ves un montón de mujeres ruidosas e histéricas, nosotras vemos un grupo de mujeres admirables e históricas, que se cansaron de esperar a ser escuchadas y decidieron hacerse escuchar. 

Ya no estamos dispuestas a verte nunca más, ni a aceptar las condiciones que nos quisiste imponer para crecer en un molde que sólo a ti te convenía preservar. 

Nunca más tendrás el privilegio de decirnos que “calladitas nos vemos más bonitas” porque hasta tú sabes que siendo estruendo, nos vemos hermosas.

Ya nos despertaste. machismo. Y te tengo una mala noticia, nunca más nos volverás a ver dormir.

Tw. @chinaCamarena

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