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OPINIÓN

Guillermo Marín
Guillermo Marín

A la fundación de México Tenochtitlán

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Ofrezco disculpas por anticipado por lo que voy a decir a todos los oídos y mentes colonizadas. Perdónenme aquellos que insisten en tener la verdad histórica en las manos, en los libros de texto, en las universidades, en todos los medios de información. A todos aquellos mexicanos que no son mexicas. A todos los patrioteros que no tienen Madre Cultura. 

Este país, que indebidamente los criollos en 1824 le pusieron por nombre México, no se puede ubicar sus ancestrales raíces en la mal llamada cultura azteca, con apenas 196 años de duración (1325-1521). Esta milenaria tierra en donde se ha generado una de las seis civilizaciones más antiguas y con origen autónomo del planeta, se llama Anáhuac, y, en consecuencia, sus habitantes son los pueblos anahuacas, un pueblo milenario.  

En estos cinco siglos de invasión-ocupación, los extranjeros y los criollos, han pretendido sistemáticamente desaparecer la milenaria historia del Anáhuac, para ideológicamente fundar la existencia de su país en la cultura mexica, aquella que trasgredió la milenaria sabiduría de la Toltecáyotl, la que implantó la propiedad privada, la que usó por primera vez el cacao como instrumento de cambio, y que, en miles de años no existió en la civilización Madre. La que trastocó la Guerra Florida tolteca del espíritu, con la Guerra Florida mexica en contra de sus vecinos para imponer fuertes cargas tributarias. En fin, la que trató de suplantar el símbolo filosófico-espiritual de Quetzalcóatl, con el símbolo ideológico de la voluntad de poder y el mundo material de Huitzilopochtli.

La raíz negada de este país inicia hace diez mil años con la invención de la agricultura, la milpa y sobre todo el maíz. Con casi seis mil años de periodo formativo en donde se crearon las bases de lo que hoy somos con la invención de los sistemas de alimentación, salud, educación y organización y que, finaliza con la llamada cultura olmeca. 

Este país, tiene en su historia ancestral, el momento de mayor esplendor entre el año 200 aC. y el 850 dC. En el que todos los pueblos alcanzaron la plenitud armónica de la Toltecáyotl, y los venerables maestros toltecas lograron completar el vértice supieron de la pirámide de conocimiento ancestral del Anáhuac, para misteriosamente desaparecer dejando la profecía que regresarían a restaurar la Toltecáyotl. Esta ausencia provocó lo que se conoce como el periodo de la decadencia del 850 al 1521 dC. La intervención de Hernán Cortés provocó una guerra civil entre los pueblos nahuas del altiplano, nunca existió aquí un ejército español y mucho menos valerosos conquistadores, hubo en cambio, una lucha fratricida por la trasgresión filosófica de los mexicas aprovechada por los invasores.

La amputación de la memoria histórica y la identidad cultural ancestral por la ideología criolla y el culto a la llamada cultura azteca por el Estado mexicano, es un crimen de lesa humanidad para los 69 pueblos ancestrales sobrevivientes a la hecatombe de la invasión-colonización. Para el Estado el pasado ancestral de este país está representado por los mexicas y su ciudad México Tenochtitlán. Pero se esconde y escatima la grandeza y la historia de los demás pueblos y culturas. Desaparecen los olmecas, mayas, zapotecas, mixtecas, purépechas, totonacas, otomíes, wirradicas, rarámuris y apaches, por solo citar algunos. Pasa inapercibida la lucha maya que llegó hasta 1697 y que jamás fueron vencidos. 

Pero también la ciudad de Tenochtitlan, por medio del discurso de la historia oficial pretende eclipsar a Teotihuacan, fundada un siglo antes de la era cristiana, o Monte Albán y la ciudad de Oaxaca fundadas en el 500 aC., o La Venta del 1200 aC., o Chalcatzingo del 1500 aC., el mismo Xochimilco se fundó al rededor del 1500 aC. Los neocolonizadores pretende que el pueblo desconozca miles de años de la Civilización Madre, que fue la que alcanzó grandes logros a nivel planetario, y en su lugar, imponen un discurso ideológico en el que tratan de hacer creer que este país nace con la última cultura que llegó, en el periodo postclásico al Altiplano Central en calidad de nómadas cazadores y que fue la cultura que transgredió el pensamiento milenario espiritual. Con ello tratan de justificar el indebido nombre al país de México. Pretenden hacer creer que siempre ha sido el centro y la capital de la civilización, justificando el centralismo.

Pero más allá de la parte histórica e ideológica. En la ceremonia de los 700 años de la fundación de Tenochtitlán se repite la misma historia cinco centenarias. El presidente afirma en el discurso que, la “conquista” fue dolorosa, pero trajo progreso”. Los “indígenas folclóricos” de escenografía tributan a las autoridades, en su absoluta mayoría “no indígenas”. Los apellidos criollos resuenan de nuevo en el viejo teocalli: Obrador, Sheinbaum, Semo, Ebrad, etc. El México imaginario y el México profundo, más nada. Educayotl AC. “descolonizar es dignificar”. www.toltecayotl.org

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